miércoles, 26 de marzo de 2008

Blanco, rojo

Me llamo Julio y he perdido el juicio. O podría empezar: Me llamo Julio y una mañana corrí por un campo con una muchacha de manos blancas y pelo rojo. Cualquiera de las dos sería igualmente real, según cómo se mire. Pero como a los locos no suele exigírseles verosimilitud, me perdonarán que me quede con la segunda. Una mañana corrí por un campo con una muchacha de manos blancas y pelo rojo. Considero que el hecho de que yo haya perdido el juicio y no haya habido campo ni muchacha no resta verdad a mi verdad: un día corrí por el campo con aquella muchacha.

Ahora bien, no me es ajeno el hecho de no haber corrido nunca por el campo, y mucho menos con una muchacha de pelo rojo. Lo particular de la situación es que por algún tiempo lo creí.

Tenía manos blancas, pelo rojo. Extendía la mano y reía. Y no había más colores. El blanco de sus manos, el rojo furioso de su pelo. Y el blanco se apoderaba de todo. El blanco eclipsaba la mañana. Todo se volvía blanco. Y rojo. Pero blanco.

Yo la miraba con la mente blanca. El día blanco y yo blanco por dentro. Y todo era blanco pero la escuchaba reír, y corría. La seguía por el espacio blanco. Y todo era rojo excepto la llama de pelo rojo en el sol. La recuerdo, aquí. Y a su voz, pero sin palabras. Río porque ella reía y ahora la recuerdo. Estaba allí (manos blancas, pelo rojo), dentro de un recuerdo. Estaba en un recuerdo blanco y rojo. Las cosas son pero la recuerdo. Las cosas son pero blanco, rojo, blanco.

No puede haber sido. Hasta el día anterior, hasta un segundo antes no había recuerdo. Manos blancas, pelo rojo. No hay forma de que pueda haber sido. La recuerdo, pero cuándo, cómo.

El tiempo y el espacio, esos traidores. Esas cosas demasiado difíciles de explicar. La tentación del refugio en la mentira, pero como la certeza de la naturaleza de los sueños, la realidad acecha. La inútil victoria de reconocerla antes de que sea innegable.

En la situación particular en la que me encuentro, dispongo de tiempo de sobra. Tengo largas tardes frente a la ventana, y me gusta recordarla. En ocasiones hace buen tiempo y mueven mi silla hasta el corredor, casi en el jardín. Pero el sol nunca es el mismo. Tampoco el rojo y el blanco son los mismos. Todos los colores del espectro se han vuelto ya una escala de grises.

...

4 comentarios:

Dra. Nada dijo...

"El día blanco y yo blanco por dentro"

*silencio*

*reverente*

Anónimo dijo...

As usual, you don´t cease to amaze me.

Luciana dijo...

Impecable. ¿Para qué arruinarlo y decir más? Mis congratulaciones, señorita, siga así. =)

Drasky Vanderhoff dijo...

Si abre sentido sueños como recuerdos y recuerdos como sueños... Quizas son la misma cosa... Yo recuerdo al tren y al gris como tu recuerdas al blanco y al campo... y habia algo rojo en nuestros recuerdos...

Gracias a ti por el recuerdo